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Las obras y sus autores


Quince dedos     Autor: Jorge Luis Sala

La niña y las estrellas    Autor: Rubén Sánchez Calvo

 

Quince dedos

Jorge Luis Sala

 

Había un hombre que tenía tres brazos. Dos en la posición habitual, y un tercero que le nacía en medio del pecho. Como para cualquier persona es común manejar dos brazos, para él era común manejar tres. En su posición de reposo, el tercer brazo colgaba hacia abajo apoyándose en el torso y muriendo con la mano en la entrepierna.

En el barrio ya todos lo conocían y no se asombraban demasiado. Pero cuando viajaba, le llovían los vistazos de reojo, las miradas impertinentes de los niños, y las preguntas con cara de asombro ¿Qué le pasó? ¿No le duele? ¿Y lo puede mover? ¿Nació así? El hombre pensaba que la gente puede ser muy idiota a veces. Y no se equivocaba por cierto.

Se destacaba en deportes como el básquet, el futbol (como arquero claro está), el boxeo, y demás. Sus oponentes se quejaban con frecuencia, pero los reglamentos jamás indicaron cuántos brazos debían tener sus participantes. Por ello, el hombre disfrutaba sobresaliendo en el mundo del deporte.

Pero desde que todos lo conocían, había trabajado como camarero. De adolescente consiguió trabajo en el restaurante como un eficiente lavaplatos, pero pronto, los dueños vieron la ventaja de tenerlo como mozo. Gracias a él, el restaurante se hizo muy popular y fue renombrado “Quince dedos”.

Pero a pesar de todos los beneficios que le traía su tercera extremidad superior, el hombre era claramente infeliz. A todos les caía simpático por supuesto, pero nadie se atrevía a acercarse más, por miedo de que se le vaya la mano tal vez. Frecuentemente era dejado de lado, y las mujeres sentían un cierto temor a acercársele. Por ello, a pesar de estar rodeado de gente en su vida cotidiana, era un hombre muy solitario e infeliz.

Hasta que un día vio el aviso en el diario. Un famoso doctor australiano, pasaría por la ciudad dando una conferencia, y ofreciendo sus mundialmente famosos “servicios de extirpación de extremidades sobrantes”. A cualquiera podrían parecerle inútiles los servicios prestados por este cirujano plástico, pero sorprendería ver el éxito y la cantidad de pacientes que tenía.

Sin vacilarlo más de veinte veces, el hombre se decidió al fin a remover su brazo mutante. Asistió junto con otros siete pacientes interesados a la charla del doctor, y firmó la solicitud y aceptación para someterse al bisturí.

La operación fue todo un éxito y valió cada centavo. El médico ofreció al hombre llevarse su brazo de recuerdo, pero éste lo rechazo para evitar nostalgias. Y así, el renovado y normal hombre salió a reencontrarse con el mundo. Sus vecinos, y compañeros de trabajo lo veían sonriente pero no comprendían exactamente a qué se debía su cambio ¿Te cortaste el pelo? ¿Compraste ropa nueva? ¿Te pusiste de novio? Preguntaban las personas. Y de a poco, el hombre se empezó a decepcionar, al tener que explicarle a todos que se había sacado un brazo.

Tuvo que tirar toda su ropa que tenía un agujero en el pecho y comprar nueva ropa normal. Le costaba mucho mantener el equilibrio, y muchas veces caía al suelo torpemente. El tercer brazo le era muy útil para muchas cosas que ahora demoraba tanto tiempo en realizar. Fue despedido entonces de su trabajo, en donde mandaron a buscar a un hombre con tres orejas a un pueblo cercano. También lo rechazaron en la mayoría de los clubes de deporte por su escasa habilidad al ser un bimembre común y corriente.

Sin más consuelo, y aún en soledad, cayó irremediablemente en el refugio del alcohol y las drogas, y se aisló por completo de la sociedad. Si antes era infeliz, ahora estaba perdido. Así que salió en busca del cirujano para que restaurara y reubicara su añorado brazo. Días más tarde, y unos kilómetros más lejos, lo encontró.

Las noticias del cirujano no fueron buenas, y le informó que había pocas posibilidades de sobrevivir a tal procedimiento. Pero el hombre, firmó nuevamente la aceptación de los riesgos, e hipotecó su casa para pagar la operación.

Lo malo es que murió en la operación. Lo bueno es que no tuvo que pagar la hipoteca.

 

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Introducción

 

Sentaros y poneros cómodos mis queridos amigos y os contaré una bonita historia.

 

Antes de nada os tengo que hablar de uno de mis mejores amigos. Es un amigo muy especial, pero no os penséis que es una persona como vosotros o como soy yo.

 

No. Mi amigo es un alma; pero tampoco os creáis que sea un alma corriente.

 

Es un alma solitaria.

 

Mi amigo, todas las noches, sube flotando hasta el cielo para sentarse al lado de su mejor amiga: la luna. Allí están, los dos amigos, conversando durante toda la noche y contemplando la tierra.

 

Cada noche fijan su mirada en un sitio distinto de la tierra y disfrutan con unas hermosas  historias que tan solo ellos pueden ver.

 

Una de esas noches la Luna estaba triste y Alma Solitaria le preguntó que le sucedía. La Luna se quedó mirando a su amigo y le dijo:

 

 “Alma Solitaria todas las noches venimos aquí para poder contemplar lo que ocurre en la tierra. Y estas historias tan preciosas permanecerán siempre en el olvido porque nadie jamás las contará.  Por estoy tan triste”.

 

Alma solitaria se quedo un buen rato pensativo y al final dijo “Luna tienes toda la razón. Ahora mismo me voy a buscar a esa persona. Le contaré cada historia que veamos y que él se las cuente al mundo entero”.

 

Y de esta manera, una noche, Alma Solitaria entró en mi vida.

 

¿Por qué me escogió a mí entre tantas personas? Nunca me lo dijo.

 

Por las noches cuando estoy profundamente dormido, Alma Solitaria me visita en sueños y me cuenta las historias más fantásticas que jamás habéis escuchado.

 

Así que como dije antes, sentaros, poneros cómodos y escuchar las historias tal como me las han contado a mí.

 

LA NIÑA Y LAS ESTRELLAS

 

Era una noche muy calida y con el cielo completamente despejado. Las estrellas brillaban por todo el cielo y Alma Solitaria subía a encontrarse con La Luna para disfrutar de otra historia.

 

“Buenas noches amiga Luna”.

 

“Buenas noches Alma Solitaria”.

 

“Dime amiga, ¿Esta noche, que lugar del mundo vamos a observar?” pregunta el Alma Solitaria.

 

“Esta noche, déjame que te cuente yo una historia. Una historia muy antigua que si no me equivoco tan solo yo recuerda como sucedió”.

 

“Claro, me encantará escucharte. Pero dime, ¿Sobre que trata tu historia?”.

“Dime una cosa Alma Solitaria. ¿Tú sabes en que momento y porque razón las personas empezaron a caminar usando solo las piernas?”.

 

“Pues la verdad es que no lo sé con seguridad, he oído muchas explicaciones pero no sé cual es la verdadera”.

 

“Pues escucha esta historia que los seres humanos ya han olvidado. Y luego cuéntasela a nuestro amigo para que la descubran y nunca la vuelvan a olvidar.”

 

“Hace miles de años los seres humanos eran solo una pequeña tribu. Aun vivían en cuevas, se alimentaban de los animales que cazaban, se cubrían con sus pieles. No conocían la agricultura y faltaba mucho tiempo para que descubriesen el fuego y para que inventasen la rueda. Pero lo más curioso de todo es que andaban usando las piernas y las manos.

 

Consideraban al Sol como un dios. Es lógico que lo tratasen como a un Dios ya que les daba calor y luz. Por eso cuando el Sol empezaba a desaparecer por detrás de las montañas, la tribu regresaba corriendo a la cueva y se encerraban en ella hasta el día siguiente en que su dios volviese a aparecer.

 

La noche era oscuridad  y frío y por eso le tenían mucho miedo.

 

Nunca habían visto el cielo por la noche, así es que no me conocían ni a mí ni a mis hijas: las estrellas.

 

Pero una noche, la más pequeña de toda la tribu, una niña que no tenía ni siquiera un año de edad, se despertó en mitad de la noche y mientras todos dormían pasó gateando por encima de sus padres y salió de la cueva.

 

Esa niña fue la primera de todos los humanos que levantó la vista al cielo por la noche y descubrió la luna y las estrellas.

 

La pequeña niña quedo maravillada al ver aquellas cosas tan hermosas repletas de luz.

Levantó sus pequeñas manos y empezó a abrirlas y cerrarlas para coger las estrellas,

Pero no las podía alcanzar, estaban muy lejos. Se acercó gateando hasta una piedra, apoyó sus manos en ella y se levantó.

 

Al principio tan solo daba unos pasos y se volvía a caer. Pero era tan grande su empeño en alcanzar aquellas luces que no paró hasta conseguir andar usando únicamente sus piernas.

 

Caminaba de un lado a otro riendo mientras intentaba alcanzar las estrellas con sus pequeñas manos cuando sus padres despertaron.

 

Toda la tribu se despertó asustada al ver que la más pequeña de todos ellos no estaba en la cueva. Salieron corriendo de la cueva en su busca, asustados por lo que le hubiera podido pasar.

 

 

 

Atraídos por las risas de la niña se acercaron con miedo hasta donde se encontraba.

 

Toda la tribu se quedó sorprendida cuando la vieron de pie corriendo de un sitio a otro intentando coger algo que había encima de ella.

 

Fue en ese momento cuando todos ellos miraron hacia arriba y me vieron a mí y a las estrellas.

 

Se acercaron a la niña e hicieron como ella, se pusieron de pie y estuvieron toda la noche observando las estrellas e intentando cogerlas.

 

Desde ese día todos los seres humanos caminan sobre las piernas. Pero ya han olvidado que fue gracias a aquella niña que intentaba coger las estrellas.”

 

“Ha sido una bonita historia amiga Luna, me ha gustado mucho. Ahora mismo bajo a contársela a nuestro amigo y que la escriba para que los humanos no la vuelvan a olvidar”.

 

Mientras Alma Solitaria bajaba volando a la tierra, La Luna se quedó en silencio recordando a aquella pequeña niña.

 

Ahora ya sabemos todos porque las personas caminamos usando solamente las piernas, todo es por una pequeña niña que quería coger las estrellas.

 

  

 

 Rubén Sánchez Calvo

 

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